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Cómo salvarnos de un incendio: Koda

"Quiero saber por qué te fuiste, Milo. A veces hablo con vos en mi cabeza. Pasamos tantas cosas los dos. Creo que estoy loca, parece... tu voz respondiéndome, intentando tranquilizarme. Pero dejaste algo mucho más espeso y pesado que tu ausencia: Dejaste una pregunta. Me das bronca, chabón." - Hola, Koda. ¿Cómo estás? - Bien, creo... Cómo puedo.  - Me alegra que hayas venido. Milo me habló mucho de vos. - Bueno, por lo menos con usted hablaba.  - ¿No hablaba con vos? - Poco, siempre fue así... ahora. Bueno, siempre no. - ¿Desde qué edad se conocían con Milo?  - Teníamos ocho, nueve años. Él se mudó enfrente. Era un poco más grande. Vino con su vieja. Esa misma tarde estábamos jugando, antes él era más... No sé, él cambió. No sé por qué. Yo conocí a un Milo hace un montón de tiempo. Y el que se me fue... No era él. No se entiende una mierda seguro... - Tranquila, está bien. - Me acuerdo que podíamos estar juntos todo el día, años así, éramos... No sé. Estábamos juntos. Ya ...

Cómo salvarnos de un incendio

Milo tiene las manos temblorosas. Más de lo habitual. Dice haberse sentido paralizado, estancado entre sus sábanas y con la sensación de una pesadilla reciente. Dice que 'todo está en llamas'. Esta fue nuestra charla. - ¿Que hacemos ahora, Milo? - Respirar. - ¿Para qué respiramos, Milo? - Para no morir... Para no morir. - ¿Sobre qué estás acostado, Milo? - Sobre una cama de hierro que mide dos metros aproximadamente... Y sobre un colchón viejo que tiene olor a humedad. Las sábanas. Las sábanas de flores, color... Blanco. - ¿Qué ves a tu alrededor? Contame. - Un estante. Un estante con mis libros, con mis escritos... Carpetas, plantas. Mis dibujos... Están despintados.  - Y un álbum de fotos, Milo. - Si, también.  - ¿Las fotos de quién, Milo?  - ...  - ¿Por qué no decir quién está en las fotos? - Una persona que lastimé.  - ¿Te sentís culpable? - Todo el tiempo.  - ¿Quién está en las fotos? - Koda.  - ¿Quién fue Koda para vos, Milo? - Una posibilidad......

Ejercicio de escritura: La Amenaza

Espero que esta nota te encuentre momentos antes de ahogarte con tu golosina favorita. Que tu teléfono no haya dejado de sonar en las últimas setenta y dos horas. Que tu heladera haya dejado de funcionar echando a perder toda la comida que amontonaste por tu compra mensual en el supermercado, donde espero te hayan atendido último, porque todas las embarazadas de la ciudad coincidieron con vos, en el mismo horario, en la misma sucursal. Espero que la comida que ordenaste haya llegado tarde, fría y con mal sabor. Porque no te deseo la muerte, grandiosa y definitiva. Si no todas las otras pequeñas y cotidianas derrotas, todas. Espero leas esta nota momentos después de darte cuenta de que jamás vas a encontrar el final del laberinto, que estas arrojado en soledad a la desesperanza, que nada o casi nada tiene sentido. Que no conserves ni siquiera el sentido del asombro. Que jamás de los jamases escuches un chiste que te haga reír de nuevo. Entonces, amargado, derrotado y a punto de vomitar,...

Ejercicio Escritura - 3 Palabras aleatorias

Entumecido Trompeta Batir Se volvió sobre su hombro. En silencio atestiguó un sonido profundo, grave. La trompeta suena dos veces. Abandonó las bolsas del supermercado. De pronto, un martes soleado se transforma en un martes entumecido. Inesperadamente, los huevos rompen contra el suelo, la crema de batir estalla. Intenta correr, claro. No puede. El segundo golpe es el mortal. La trompeta suena dos veces, dije. Centímetro a centímetro, su cuerpo es absorbido por la niebla... y eso es todo. Las calles se repoblarán pronto. Alguien limpiará el enchastre que quedó en el suelo. Probablemente piensen que consiguió escapar. O no.

13.

Dormimos en la sombra de nuestras conclusiones. Sin embargo, con un poco de suerte, sudor y anhelo, somos. Ahí, el telón. Fin y principio. Ciclo. ¿Cuándo dejamos de intentar? ¿Solo al perecer y apagarnos de repente, en calma, quizás un martes por la tarde? ¿O dejamos de intentar mucho antes? Y, amablemente, nos sentamos a firmar una tregua con nosotros mismos. Despertamos en la sombra de nuestras conclusiones.

12.

Este silencio de estática alumbra mi cuarto menguante. El reloj es de arena, las horas son de cemento. ¿Donde tiemblan tus manos permaneces? Otro siglo equivocado destapándonos mientras dormimos. En el aire escondí un secreto de puertas abiertas. 

11.

Casas abandonadas. Habitadas sólo por fantasmas atentos, perpetuos y enrevesados. Entre las paredes, entre las columnas, por los pasillos, desde las grietas. Sus voces inundan los pisos, su tacto humedece las paredes. Su cuerpo está ausente, pero pesa. El velo se corre, por momentos. La casa se cierra por dentro, encerrados estamos, con ellos, con nosotros mismos.